domingo, 26 de septiembre de 2010

lunes, 6 de septiembre de 2010

Precisamente a eso me refiero, romper los eslabones del desconcierto y echarse a reír como un párvulo. Subirse a algún tren extraño que cruce la Patagonia de un solo tramo y nos deje vaya a saber en qué pueblito olvidado. Y así viajar, dentro y fuera de la mente, viajar, replegarse y auto complacerse con un poco de egoísmo. Porque nadie debería saber de uno más que uno mismo, redescubriéndose a cada minuto, mirándose al espejo infinitas veces y ladeando la cabeza como quien ve un extraterrestre asomarse a la ventana. Eso es, ser lo que se es, como dice un hombre que va con su guitarra por el mundo. Ser lo que se es. Y probar, con una cuchara hecha a medida la sal del camino, probar los pueblos y los solsticios en el viaje, probarse a sí mismo, para terminar de cerrar las ideas vagabundas que se reproducen en la conciencia lejana. Tramar un telar infinito con esas ideas, tatuarse el mar en la cabeza y seguir sin rumbo fijo, directo hacia uno mismo.

Exactamente eso es lo que se precisa, unos puños pequeños, algunas mudas de ropa y una ruta incierta en el horizonte, una montaña y un monte, un color en la madrugada. Un color que desate un nudo en la mirada y que abra la cabeza como si fuera una puerta o un puente hacia la iluminación del subconsciente. Y con esa luz que luego se genere, armar un espacio abierto, imitar a la naturaleza en su estado virgen, y ser como el sol, como el reflejo del sol, ser una estrella en la órbita de la idea. Desnudar la conciencia, desnudarse por completo como si pesara la piel, como si molestara la carne. Y dejar el espíritu al aire.

Expresamente dejarse libre de culpas, libre y del viento. Porque el único camino es este, el que seguimos a ciegas, el no nos lleva aparentemente a nada, el camino que se ensancha llenándose de escollos. Precisamente eso. Dejarse llevar, pero no irse. Dejarse mover pero no batirse. Dejar ser sin dejar de ser. Ser lo que se es.

Eso es.





Lucia Giacondino 6 de septiembre 2010

sábado, 4 de septiembre de 2010

La Vida

La vida maneja códigos basados en una ironía sumamente irracional. Proyectar sobre ella se vuelve una tarea titánica, si, porque ella se ríe de uno a carcajadas y no te queda más que reír a coro. Y sintiéndose uno absurdo y desamparado, proyectado en un cristal de facetas desconocidas, protejemos locos anhelos de supervivencia.

Si, la vida es una boxeadora ambidiestra. Es como un casino manejado paradójicamente por posibilidades no tan azarosas. Es una poderosa correntada de aire intenso que no te deja despabilar, como una ola en el mar bravo del verano. Que podemos hacer más que dejarnos llevar…

Basta con arremeter intesamente con nuestras propias limitaciones para encontrarse caminando en círculo por la llanura espesa del desconcierto. Y hay que tejer con la madeja que nos queda el sueño que podamos soñar. Dejar que lentamente los colores de la naturaleza pinten en nuestra existencia lo que ellos quieran, basta con considerarse la arcilla virgen sobre la que el escultor omnipotente modela su forma, de manera experta y sin molde previo al cual acomodarse.

La comodidad realmente no existe, uno es un surco en la arena y sobre él se vierten bajo la regla más desperfecta las semillas que harán de uno, la flor que quiera florecer.

Si, creer es ser ingenuo, y no creer es un crimen que nunca queda impune.

La vida maneja un lenguaje que lejos esta de ser comprendido por los humildes mortales.

Lejos esta de nuestra cabecita absurdamente racional y pequeña.

Lejos esta de ser manejada como uno quisiera.

Y que podría hacer el humano en su desesperación, más que soltar una carcajada ignorante y seguir adelante, como venga.

La verdad, es una gran mentira de patas largas que nos llueve como una estampida.

Y aunque nuestras manos estén cansadas de meterse en el fango de lo imprevisto, aunque en nuestros ojos se apague el brillo y se nos quiebre este iluso corazón de tanto tiritar. No nos queda más que avanzar, a como de lugar, sin mapas y sin rutas que nos puedan orientar.

Ya no se puede más que esperar, con los brazos vencidos y los hombros caídos de aquel peso descomunal. No vale de nada echarse a gritar. Patalear como cuando éramos chiquitos queriendo remediar las injusticias. Hay que simplemente pedalear en la cornisa .Remar esas injusticias y seguir.

Porque la vida será sabia, pero no sabe enseñar a tiempo, nos da las lecciones cuando ya se nos acabo el aliento y no existe patriotismo que nos defienda como país en nuestro propio espíritu.

Yo quería encontrarle solución a las cosas, quería ir contra la marea pero ya no importa. Porque anhelar me define como valiente, pero no me hace más inteligente, me hace simplemente una inconsciente .Y así es…

La vida se ríe estruendosamente y me echo a reir.Aunque no sepa bien como seguir.

Solo sé que hay que seguir.

Lucia Giacondino 30 de agosto de 2010